Friday, 23 March 2007

Tongaína®

La Tongaína® apreciable Ganga, no es mas que una
suerte ejecutada en tres tiempos que se realiza en el
primer tercio de la faena y es considerada una de las
más complicadas suertes con capote. Su chiste radica
en que contrario a lo que muchos creen ¡Se hace sin
capote! Aquí es donde entra la magia:
La suerte está emparentada con otras mañas
carnavalescas como el “dominio de limón” y todas las
emparentadas con la ardilla voladora.
La tarde de toros tiene que ser calurosa y húmeda,
durante el ritual de vestimenta se consigue pintura
vinílica color carmín y se procede a pintar con
cuidado la cara frontal de la bolsa escrotal del
matador. Acto seguido el matador se calza las medias y
el pantaloncillo del traje de luces y parte hacia la
plaza.
Durante las suertes del capote, el matador deja en el
burladero el mismo y se dirige a encarar al toro de
frente a mano limpia (causando el asombro del
respetable por la gallardía del matador pues el toro
aún no está cansado).
El torero cita con la pelvis al toro y se le deja ir
corriendo de frente ante el arranque intempestivo del
astado, cuando están frente a frente el matador
recorta al animal e intencionalmente deja que un pitón
haga un corte a la altura de la ingle de sus medias
para así dejar al aire libre un amplio, hermoso y
volátil capote (que el público no sabe que es la bolsa
escrotal) quedándose el matador dando vueltas sobre su
eje floreando y luciendo tan bella obra de arte (el
público queda sorprendido por la magia pues piensa que
apareció de la nada un bello capote rojo por frente y
amarillento por detrás).
Esa es la famosa Tongaína® Ganga, pero deja te explico
que pasó esa tarde de la que inteligentemente haces
burla de manera sarcástica y que a Javier le da tanta
riZa (con z, vaya animal).
Esa tarde era más bien noche, hacía muchísimo frío y
sólo encontré grava roja y no pintura vinílica. Al
citar al toro y dejádmele ir de frente (con huevos,
esos no se quitan nunca) el toro rajó mi pantalón
dejando NADA al descubierto por el propio frío,
haciendo que el toro me embistiera en repetidas
ocasiones ante el asombro, risa nerviosa y
preocupación de mis alumnos.
Lo que me queda de consuelo es que hasta la fecha la
anécdota se recuerda no por el oso del profe, SIMO
como aquella tarde que el tutor nos enseñó lo que es
tener huevos y por lo tanto con él no se juega.
Amen.

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